¿Qué tiene extraño hechizo acompaña a los micrófonos? ¿que mágico poder nos tramite cuando lo estrechamos entre nuestras manos? Recuerdo la última vez que tuve la oportunidad de hacerme con uno y también ¿por qué no decirlo? la paciencia que tuvo aquel público joven y con buen sentido del humor, recuerdo que no pude evitar hacer más de una broma, hasta el punto de llegar a cantar, a duo, una canción de amor, ja ja ja, aún me río cuando lo recuerdo. Me ha venido todo esto a la memoria gracias a Juan Antonio García "El Ardentía", un gaditano con buen sentido del humor y ganas de hacer más felices a los demás. Juan, socorrista en la playa de la Caleta de Cádiz, añadía a los avisos, que daba a los bañistas, comentarios de cosecha propia cargados de humor y, por lo que tengo entendido, siempre correctos y respetuosos. A los bañistas se les ha terminado el show, a Juan le han quitado el micrófono porque, por lo visto, dentro de los esquemas de la globalización no se contempla el buen rollo, la alegría y el hecho de pasarlo bien, tres aspectos que hasta ahora habían sido fundamentales en las playas españolas. Ánimo Juan, no pierdas la chispa y sigue haciendo felices a los demás.
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domingo, 30 de agosto de 2009
Alegría gaditana
¿Qué tiene extraño hechizo acompaña a los micrófonos? ¿que mágico poder nos tramite cuando lo estrechamos entre nuestras manos? Recuerdo la última vez que tuve la oportunidad de hacerme con uno y también ¿por qué no decirlo? la paciencia que tuvo aquel público joven y con buen sentido del humor, recuerdo que no pude evitar hacer más de una broma, hasta el punto de llegar a cantar, a duo, una canción de amor, ja ja ja, aún me río cuando lo recuerdo. Me ha venido todo esto a la memoria gracias a Juan Antonio García "El Ardentía", un gaditano con buen sentido del humor y ganas de hacer más felices a los demás. Juan, socorrista en la playa de la Caleta de Cádiz, añadía a los avisos, que daba a los bañistas, comentarios de cosecha propia cargados de humor y, por lo que tengo entendido, siempre correctos y respetuosos. A los bañistas se les ha terminado el show, a Juan le han quitado el micrófono porque, por lo visto, dentro de los esquemas de la globalización no se contempla el buen rollo, la alegría y el hecho de pasarlo bien, tres aspectos que hasta ahora habían sido fundamentales en las playas españolas. Ánimo Juan, no pierdas la chispa y sigue haciendo felices a los demás.
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